emociones

Doctor, las emociones me embargan…

Hay épocas del año en las que puedes estar más sensible a cierto tipo de emociones.

Los cambios de estación, el clima y determinadas épocas asociadas a explosiones emocionales, como las festividades navideñas, tienen una gran influencia en tu salud emocional.

Como ser humano eres eminentemente emocional. Todo lo que piensas genera en ti una serie de emociones que sientes en alguna parte de tu cuerpo. También eso que sientes, como si de una noria se tratara, te lleva a tener determinados pensamientos. Y según cómo piensas o sientes, así te comportas.

Por ejemplo, cuando tienes miedo sientes taquicardia, sudoración, los músculos se tensan, cambia la expresión de tu cara, tu tono de voz, … Todo tu cuerpo responde de manera inconsciente a esa emoción.

Ya he comentado en otro post que, cuando te comunicas con otras personas, lo haces con todo tu cuerpo. Es imposible no hacerlo, porque hablan no sólo tus palabras sino también tus gestos, tu tono de voz, tu corporalidad,…

Las emociones son tan importantes que constituyen rasgos de personalidad.

Cuando piensas en alguien, probablemente sueles referirte a esa persona como alegre o cariñosa o triste, … Eso es porque estás asignando como rasgo de personalidad de esa persona, la emoción que más frecuentemente aparece en ella.

Lo que quiero decir es que construyes tu personalidad con las emociones que exteriorizas. Y en la mayoría de ocasiones, no eres conscientes de ello. Si lo fueses, sería relativamente sencillo para ti saber cómo te ven los demás, o cómo te gustaría que te viesen. Y algo, tal vez, más importante: qué estás dispuesta a hacer para que te vean como tú quieres ser.

Curiosamente, eres más sensible a lo negativo. Probablemente, si en este momento te pidiese que pusieses nombre a las emociones que recuerdas, me darías un buen número de emociones de signo negativo. Eso se debe a que tienes más palabras para describir emociones negativas que para hacerlo con las positivas.

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También porque las emociones negativas suelen ser más frecuentes, más intensas y duran más. En tu cerebro, además, tienen una función esencial para ti: sobrevivir. Las respuestas a las emociones negativas provienen de tu cerebro más primitivo, el reptiliano, encargado de prepararte para la acción de lucha o huida, como en las situaciones que generan estrés.

Y es que las emociones positivas no son indispensables para la vida. Bueno, rectifico. Son necesarias para la vida, pero no lo son para tu supervivencia. Están más orientadas a la felicidad. Y, lamentablemente, tu cuerpo no está programado para ser feliz sino para sobrevivir como especie. Por eso, experimentas más emociones negativas y las positivas las tienes que construir tú.

Todas las emociones que sientes son necesarias.

Sea como sea, todas las emociones que experimentas son buenas y necesarias. Eres tú quien les da una connotación positiva o negativa, según si te hacen sentir bien o mal. 

Si sientes alegría, amor y felicidad, estás experimentando emociones agradables. Lo haces, seguramente, ante acontecimientos que para ti representan un progreso hacia tus objetivos personales. Y te proporcionan disfrute y bienestar.

En cambio, cuando sientes miedo, ira y tristeza, las emociones que notas son desagradables porque aparecen cuando te sientes amenazada o has sufrido alguna pérdida. Tienes que utilizar toda tu energía para afrontar esas situaciones y salir adelante. De eso depende que seas más o menos resiliente.

Hay veces en las que tus valores y tus actitudes se entremezclan con tus emociones y pueden llevarte a mostrar comportamientos a favor o en contra de algo o de alguien.

En fin, el universo de emociones que sientes es, como ves, infinito y complejo.

Es posible que, en alguna ocasión, te hayas sentido desbordada por alguna emoción. Has reído o has llorado sin control, por ejemplo. O te has quedado en blanco a la hora de tener que hablar ante un cierto número de personas.  Y, seguro, que has visto a algunas personas que no parecen inmutarse ante esas mismas situaciones. Y es que saber controlar o gestionar las emociones que sientes es una tarea indispensable tanto a nivel social como profesional.

La próxima vez que sientas una emoción ante algo o por alguien, procura ir más allá y nota en qué parte de tu cuerpo la estás sintiendo y qué significa eso para ti realmente. Incluso, puedes anotar en un cuaderno lo que has sentido, en qué momento, en qué parte de tu cuerpo y su significado.

De esa forma, una vez tengas varias anotaciones, podrás tener una idea clara de tu comportamiento emocional y podrás gestionar mucho mejor tu forma de expresarlo.

 

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