Vacaciones: Tu Período De Prueba Emocional

Las vacaciones son los días más esperados del año por millones de personas. Da igual la época del año en las que las disfrutes: siempre son esperadas con entusiasmo e ilusión…

Eso, sí. La mayor parte de las veces. Como en todo, siempre existen excepciones. Por ejemplo, la de los adictos al trabajo. Pero ése es otro tema.

Vamos a lo nuestro…

Hay personas que durante sus vacaciones aprovechan para hacer un viaje. Ya sea a la otra punta del mundo o a 200 km de su casa, hay personas que no pueden pasar sin viajar por vacaciones al menos una vez al año.

Otras, van a ver a sus familiares. Padres, hermanos, sobrinos, abuelos. Aquellos a los que el resto del año no tienen la posibilidad de encontrar por lejanía.

Otras personas, simplemente, aprovechan para relajarse, descansar, dar largos paseos, ir a la playa o de excursión.

Sea cuál sea la forma en la que pasas tú las vacaciones, hay un común denominador en todas ellas. Una característica que une a las personas de todo el mundo durante sus vacaciones.

Sabes cuál es? La socialización. Pasar más tiempo con los familiares, los amigos, la pareja,…

Y, aunque tú seas una persona que cuidas tu desarrollo emocional y, por tanto, también las relaciones, el día a día hace que las horas que pasas con la familia sean limitadas.

Sabías que las épocas del año en las que se producen más solicitudes de mediación y divorcios es precisamente después del período de vacaciones? Para ser más exactos, al finalizar las vacaciones de verano. La respuesta es sencilla: es la época en la que más tiempo pasas con tu pareja, con tu familia, con tus amigos.

La época de vacaciones es un período en el que se ponen a prueba tu gestión emocional y tu equilibrio interior.

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Porque durante esas semanas, tienes las 24 horas del día para mantener una relación más cercana con las personas que forman parte de tu círculo de influencia. En resumidas cuentas, las más allegadas a ti.

Y es entonces cuando verdaderamente demuestras tu inteligencia emocional. Tus habilidades personales, cognitivas y conductuales a la hora de gestionar determinadas situaciones que, irremediablemente, se producen en una relación prolongada.

Durante el resto del año, surgen momentos en los que has aprendido a gestionar tus emociones, y a expresar lo que sientes para mejorar la convivencia. Pero es durante las vacaciones cuando realmente tienes que enfrentarte a los demonios del control de la ira. Porque, en muchas ocasiones, tendrás que demostrar grandes dosis de autocontrol, paciencia y empatía.

Los roces y los conflictos son algo normal y no deben verse como negativos ni procurar evitarlos. Al contrario, evidencian que estás viva y que eres emocionalmente activa.  Por eso, en lugar de hacer la cobra ante un posible conflicto social o familiar, lo ideal es aprender a gestionarlo. Enfrentarlo, hablarlo abiertamente y ofrecer posibilidades de solución.

Así que, si me lo permites, te voy a sugerir algunas claves para que puedas mantener ese equilibrio emocional a raya durante tus próximas vacaciones si te encuentras en una situación particularmente estresante y conflictiva para ti.

1. Identifica claramente lo que sientes.

A veces malinterpretamos nuestros propios sentimientos en momentos de ofuscación. En esos momentos, párate, respira profundamente y analiza lo ocurrido. Qué sentimiento te despierta la situación? En qué parte de tu cuerpo estás sintiéndolo?

El autocontrol de tus impulsos, depende en gran parte de la intensidad de las emociones que te despiertan lo que sientes en esos momentos y la parte de tu cuerpo en la que está haciéndose presente. No es lo mismo sentir rabia en el estómago, por ejemplo, que en la garganta. Si la sientes en el estómago, es más probable que luches en controlar tu impulso de gritar. Mientras que, si la sientes en la garganta, la probabilidad de que te quedes sin habla y tengas ganas de romper a llorar, es mayor.

Una vez lo tengas identificado y etiquetado, explica a la otra persona lo que te ocurre. Utiliza un lenguaje calmado, positivo y enfocado a dar una solución.

2. Ármate de paciencia y pon en marcha tus dotes de empatía.

Es posible que tengas una serie de expectativas de cómo te gustaría pasar el día, dónde ir o qué hacer que puedan verse retrasadas por ciertas actitudes de las otras personas. Piensa que todos no pensamos y actuamos de la misma manera.

Cada uno de nosotros tiene puntos de vista diferentes acerca de las cosas, incluso si el tema ya ha sido comentado anteriormente.

Recuerda una de las máximas de la PNL: “el mapa no es el territorio”. Para cada persona, una situación puede significar cosas totalmente diferentes.

3. Sé proactiva.

No esperes a que sean los demás los que decidan qué hacer. Propón ideas y sugerencias de actividades que podáis hacer juntos. El quid aquí está precisamente en sugerir y no en exigir o en obligar a nadie. Las vacaciones, el descanso y el ocio es para todos.

4. Mantén el buen humor, la positividad y el optimismo.

No importa que, en algún momento, pueda darse algún conflicto. Es algo natural e incluso positivo porque, de esa forma, puedes expresar lo que sientes y lo que quieres, al igual que las otras personas, para solucionarlo rápidamente y aprender de él.

5. Agradece la compañía.

No siempre podemos estar rodeados de las personas que nos importan. Además, ya sabes que sentirte agradecida aumenta la sensación de bienestar y de optimismo.

6. Desarrolla tu capacidad de observación.

Las emociones que sientes no se pueden esconder. Es como la comunicación, que no puedes dejar de comunicarte. Todo tu cuerpo habla de la misma forma que tu rostro emite las señales de lo que sientes. Es pura comunicación de emociones y sentimientos.

Vayas donde vayas, hay una serie de emociones básicas que son universales, es decir, que todos los seres humanos las expresamos de la misma manera. Da igual que vivas en China, en Oriente Medio o en Sudáfrica. Y esas emociones son cuatro: miedo, ira, tristeza y alegría.

Si observas a tu alrededor alguna de esas emociones, sobre todo, las tres primeras, anticípate a la reacción emocional que seguramente le seguirá. Piensa en algo divertido o absurdo que rompa el esquema y exprésalo de forma que la persona que está sintiendo esa emoción desagradable deje de hacerlo.

De la misma forma que si esa persona eres tú. Procura pensar en algo alegre, absurdo y positivo que cambie tu ciclo de pensamiento.

 

Espero que estás sencillas claves te sean de utilidad en tus próximas vacaciones o si ya estás disfrutando de ellas. Y si en algún momento te sientes desbordada, respira hondo y cuenta hasta 10. Es un método que siempre funciona.

Y, por supuesto, te invito a que participes en un programa de desarrollo y autogestión emocional.

Felices Vacaciones!

 

 

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2 comentarios en “Vacaciones: Tu Período De Prueba Emocional

  1. Hola Salva,gracias por tu consejos,siempre son bienvenidos.
    Pero la palabra vacaciones no existe en esta casa, desde la luna de miel hace 32 años no se lo q es estar de vacaciones,
    Pero bueno cuando la economia no lo permite teresignas y piensas q lo principal es tener salud ,comida y un techo ,

    • Hola Antonia. Gracias por compartirlo.
      Hacer vacaciones no sólo es cambiar de aires. Puede ser también hacer cosas distintas a las habituales: pasar un día en la playa, si no sueles ir. O hacer una excursión, si normalmente no lo haces.
      En el contexto del artículo, me refiero al período de vacaciones porque es cuando, por regla general, hacemos un descanso de nuestras tareas habituales durante un tiempo más o menos prolongado y eso hace que tengamos un acercamiento mayor con las personas con las que convivimos. Ahí es donde se pone a prueba nuestra inteligencia emocional, a la hora de gestionar las diferentes situaciones que se puedan producir.
      En cuanto a lo que comentas, enfocarte en la “resignación” no te permite ver las cosas positivas que puedan existir en esa situación. Intenta reformular ese pensamiento con un lenguaje más positivo.
      Recuerda que si piensas en positivo, tu actitud ante lo que no depende de ti cambia. Porque si cambias tu pensamiento, cambiarás tu fisiología, las emociones que te provoca y, por tanto, la actitud con la que lo afrontas.

      Un abrazo!

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