Claves del liderazgo femenino

Últimamente se oye hablar mucho del liderazgo femenino y parece que las mujeres estemos de moda. Pero se suele hablar de liderazgo femenino en el entorno laboral cuando, en realidad, ese liderazgo se ejerce en cualquier ámbito de la vida, comenzando por el más personal de todos, que es una misma.

Si a nivel personal te cuesta ponerte en valor, te cuesta tomar decisiones, te cuesta superar limites, a nivel profesional por mucho que tengas un cargo de responsabilidad, todo eso va a seguir igual. Y si realmente eres una mujer decidida, con mano izquierda, que sabes motivar a las personas que tienes a tu alrededor, que tienes empatía,… entonces también vas a poder hacer todo eso en el ámbito más personal.

No podemos separar ni diferenciar a la mujer de la profesional por mucho que nos empeñemos en hacerlo. Porque somos la misma persona. Tú puedes ponerte el sombrero de ejecutiva o el de mama o el de pareja y actuar en consecuencia. Pero tú sigues siendo tú con todo lo que eso implica. Y al ponerte el sombrero estás interpretando un personaje. Ese es un recurso muy bueno si no te acabas de creer de lo que eres capaz de hacer en ese papel. De hecho, es un recurso que comparto con mis clientas para ayudarlas a superar sus miedos y a enfrentarse a ellos. Pero ese sombrero, en algún momento, hay que abandonarlo. Tienes que creer en lo que haces, en tus competencias, en tu valor como mujer y profesional.

 

Competencias y habilidades de las mujeres

Cuando se habla del liderazgo de la mujer, se suele hablar de competencias comunes que tenemos las mujeres. Esas competencias son las que nos hacen tener un nivel de inteligencia emocional mayor que el de los hombres. La sociabilidad, la cercanía a otras personas, la tendencia a la cooperación, la capacidad innata de pensar y hacer varias cosas al mismo tiempo o la visión de conjunto son algunas de las habilidades que compartimos las mujeres. También somos más dialogantes, más flexibles, sabemos escuchar, somos más innovadoras y con menos tendencia a la agresividad que los hombres.

A veces nos cuesta aceptar los retos pero cuando nos los ponemos como objetivo, no hay nadie que nos pare. Y todas estas competencias nos vienen de serie por cómo está constituido nuestro cerebro a nivel hormonal. Por ejemplo, nosotras tenemos niveles de estrógenos más altos que los hombres y eso es lo que nos hace ser más emocionales y, por tanto, tener esa tendencia a la observación del otro y a la empatía. Mientras que los hombres tienen un nivel mucho más alto de testosterona y eso les hace tener una tendencia más alta a la competitividad y la agresividad que nosotras.

Las mujeres nos enfrentamos a muchos retos hoy día. Algunos de esos retos son barreras que nos pone la sociedad patriarcal en la que vivimos, pero otras muchas nos las ponemos nosotras mismas.

Por ejemplo, a nivel profesional, tenemos el famoso techo de cristal por el que a las mujeres nos cuesta más llegar a ciertos puestos de responsabilidad, sobre todo, en empresas en las que hay una mayoría de hombres. Todavía existe una mentalidad algo machista en algunas empresas y una idea totalmente obsoleta de que las mujeres tenemos menos capacidad para asumir ciertas responsabilidades profesionales debido a las obligaciones familiares que, al fin y al cabo en muchos casos, han venido impuestas por esa sociedad patriarcal discriminatoria.

 

 

También las barreras son propias

Pero en otros casos, ese techo de cristal nos lo ponemos nosotras mismas porque no creemos en nuestras propias capacidades. Y en el caso de llegar a ciertos puestos, nos empeñamos en demostrar tanto nuestros méritos para estar ahí, que terminamos por dejar de ser nosotras mismas para convertirnos en una especie de monstruo superwoman. Y no solamente queremos ser superwomans en el trabajo, también en el ámbito personal. Queremos llegar a todo. Hijos, familia, pareja, amigos, casa,… y eso es agotador. ¿Quién no se siente a veces cansada de tener siempre que estar de 10?

En otros casos, nos falta autoestima y, a veces, pensamos que incluso no nos lo merecemos. Es el caso del famoso síndrome de la impostora.

¿Y qué me dices de la toma de decisiones? ¿No le damos vueltas a las cosas? Y las miramos del derecho, del revés, de lado… Tenemos muchos miedos, muchas creencias limitantes. Y lo que, por un lado, es positivo y es esa visión de conjunto que tenemos, por otro puede ser nuestro enemigo porque hace que valoremos tanto todas las posibilidades antes de tomar una decisión, que perdemos el foco. Y está muy bien sopesarlo todo, siempre que no lo hagamos en términos negativos que es lo que solemos hacer. Tenemos que dejar de tener miedo o mejor dicho tenemos que aprender a vivir con ese miedo y a no dejar que nos frene.

Pero todo esto también nos dice que las mujeres tenemos más probabilidades de aprender a desarrollar todas estas competencias y habilidades que son las claves del verdadero liderazgo: escuchar, inspirar y motivar a otras personas, establecer relaciones y colaborar. Y, además, algo grandioso que tenemos: y es una gran capacidad de adaptación.

 

La Escuela de Liderazgo femenino: Mujeres ayudando a otras mujeres

Tenemos que aprender a integrar todo aquello de lo que somos capaces. Y para ayudar a hacerlo a todas las mujeres, ya sea en su ámbito personal como en el profesional, ha nacido la Escuela de Liderazgo femenino. Un espacio en el que podemos crecer tanto a nivel personal como profesional, en el que establecer grupos de crecimiento en los que compartir y liberarnos de limitaciones. Un lugar en el que podemos establecer objetivos a alcanzar y en el que tengamos la posibilidad de aprender a valorar las oportunidades e, incluso, emprender nuevas profesiones.

La Escuela de Liderazgo femenino no es una escuela al uso. Es mucho más. Es un espacio de colaboración, de relación y de crecimiento. En el que no solo tienes a tu disposición cursos y programas, sino que puedes asistir a talleres en directo, a reuniones grupales de coaching para avanzar en tu desarrollo tanto personal como profesional,  colaborar en grupos de mastermind para llevar a cabo tus ideas, relacionarte con otras mujeres como tú y establecer sinergias. Pero, sobre todo, es un espacio de crecimiento y desarrollo abierto a todas las mujeres.

¿Qué me dices? ¿Nos acompañas?

 

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