Cómo Saber si Tienes Dolor Emocional

Cómo Saber si Tienes Dolor Emocional

A la mayoría de las personas les cuesta identificar sus emociones. Hemos crecido en una sociedad en la que no estaba bien visto expresar las emociones públicamente, así que hemos aprendido a reprimirlas.

Pero reprimir las emociones tiene un precio. Reprimir el llanto cuando tienes ganas de llorar o no decirle a tu pareja lo mal que te sientes porque no te valora o no ha recordado algo que era importante para ti (puedes leer un artículo anterior que habla de cómo nos complicamos la vida con esas cosas), va a hacer que acumules resentimientos que van a ir creciendo como una bola de nieve y terminarán estallando cuando menos lo esperes. Los resultados del estallido ya te los puedes imaginar: conflictos, discusiones, peleas, gritos,…Y mientras estalla, sientes una especie de ahogo en la garganta por el llanto reprimiddolor emocionalo o un dolor punzante en alguna parte de tu cuerpo.

Porque reprimir las emociones hace que las somatices en forma de dolor. El dolor es un síntoma para llama tu atención hacia algo que no está bien en tu cuerpo. Si te has caído y te has roto un brazo, el dolor te dice que tienes que correr al hospital a que te lo inmovilicen. Es evidente.

Sin embargo, cuando el origen del malestar no se percibe a simple vista, puede que no esté tan claro. Si tienes dolor en alguna parte de tu cuerpo o un malestar persistente, debes hacerte todas las pruebas médicas necesarias para averiguar la raíz del problema y ponerle solución. Pero si tu médico es incapaz de ver la causa después de haberte realizado los chequeos pertinentes, ten por seguro que su causa es emocional. Es a lo que, generalmente, cuando no encuentran una causa física, suelen llamar “nervios”. Te suena?

Te duelen las cervicales? Puede que te juzgues demasiado duramente o hayas hecho alguna cosa de la que te arrepientes. Si tienes migrañas, probablemente tienes una vida algo rutinaria y con una pesada carga diaria. Te duele la espalda? Sientes que te falta apoyo emocional. Si notas el dolor en la parte alta, puede que no te sientas querido por las personas de tu alrededor; si lo notas en la zona baja, próximo a los riñones, es posible que te preocupen tus finanzas.

Evidentemente, no eres consciente de todo eso. Si lo fueses, sabrías autogestionarte emocionalmente y no sentirías ese dolor. O, al menos, lo sentirías conscientemente y podrías hacer algo al respecto.

Hace unos días asistí a un seminario en el que se hablaba del Ego. Como seguramente ya sabes, el ego es una instancia psíquica a través de la que somos conscientes de nuestra propia identidad. Suele tener un punto de vista muy limitado de la realidad: únicamente acepta el suyo. Seguro que sabes a qué me refiero si te digo palabras como egoísta o egocéntrico. El ego puede ser muy dañino y esconderse tras múltiples máscaras, por lo que tienes que estar atenta, no sólo a que el tuyo no coja el mando, sino a que el de otras personas no te perjudique.  Te hablaré sobre el ego en otro artículo porque es un tema que da para mucho.

Como te decía, en un momento dado del seminario, una de las personas que estaban allí comenzó a sentir un tremendo dolor en el hígado. El hecho de pensar que su ego podía dominarle en algún momento, tanto por exceso (caso de esas personas que van por el mundo mirando por encima del hombro) como por defecto (caso de quién se comporta continuamente de forma victimista), le producía un conjunto de emociones negativas representadas físicamente por un dolor en el hígado.

El dolor emocional no se cura con medicamentos. Puedes ir al médico las veces que quieras y seguir al pie de la letra su preinscripción. Ese síntoma, quizá se aliviará, pero no desaparecerá hasta que no sepas cuál es la causa que lo produce.

Evidentemente, si tienes problemas en el trabajo o con tu pareja, te va a afectar física y mentalmente. En este último caso, aparece un estado de estrés o ansiedad que te aquejará de distintas formas: insomnio, cansancio, tristeza, falta de concentración,… Pero la manera cómo afrontes tú la situación, tu diálogo interno, va a determinar cómo te sientes y cómo te afecta emocionalmente.

Y la emoción que sientas definirá tu comportamiento.

Te pongo un ejemplo.

Si estoy enfadada porque mi jefe no me ha agradecido que me hubiese quedado hasta tarde a terminar un informe para él y, para mí, recibir una muestra de gratitud de su parte es importante, probablemente mi actitud y mi manera de dirigirme a otras personas será seca y cortante porque el enfado que siento hacia mi jefe me produce irritabilidad (emoción) y hace que mi conducta sea poco asertiva.

Si, aún estando disgustada con mi jefe, relativizo la importancia que tiene en mi vida que se muestre o no agradecido conmigo, es mucho más probable que haga mi trabajo con mejor disposición y una mentalidad más positiva.

Relativizar la importancia de las cosas que pasan a tu alrededor, te ayuda a tener una actitud positiva y a apartar el ruido para focalizarte en lo que realmente es importante (puedes leer el artículo sobre cómo tomar las riendas de tu vida).

Por eso, la significación que le des a un suceso determina cómo lo valoras y, en consecuencia, cómo actúas.

Y ahí es donde radica la diferencia entre una persona emocionalmente inteligente y otra que no lo es tanto. La autogestión emocional hace que la posible ingratitud de mi jefe no tenga una importancia tan grande en mi vida como para estropearme el día y hacer que otras personas se sientan mal con mi actitud.

Según Eduard Punset, cuando nacemos somos 100% emoción. A medida que vamos creciendo, el entorno nos va reprimiendo, de manera que llega un punto en el que no sabemos expresar cómo nos sentimos.

Por cierto, si te interesa el tema de las emociones, te recomiendo el libro “Universo de emociones” de Punset, Bisquerra y Gea, en el que hacen un interesantísimo paralelismo entre el universo cósmico y el mundo emocional.

Así que párate, respira hondo y permítete sentir la emoción que te causa la situación en la que te encuentras. Quizás no sepas ponerle un nombre, pero si eres consciente de ella, podrás localizarla en tu cuerpo y habrás dado un gran paso hace tu autogestión emocional.

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