Cómo ser Feliz y no Morir en el Intento

Cómo ser feliz y no morir en el intento

El deseo primario de todo ser humano es ser feliz. Se han escrito ríos y ríos de tinta hablando sobre la felicidad. Pero, qué es la felicidad? Podemos llegar a ser felices?

felicidad

La felicidad, aquello que los antiguos buscaban en la piedra filosofal, lo que todo individuo ansía, el súmmum de algunas religiones, es un estado ideal que tiene significados muy diferentes para cada uno de nosotros. Desde la Grecia clásica hasta hoy, filósofos, psicólogos, antropólogos y un sinfín de eruditos han buscado saber qué es y cómo alcanzarla.

En Psicología, por ejemplo, se estudia el significado de la felicidad vinculado a la satisfacción de las necesidades humanas expresada gráficamente en la Pirámide de Maslow.

Para algunas personas, ser feliz significa tener éxito, una posición económica holgada o un alto status sociocultural. Para otros, la felicidad es estar cerca de la familia y los amigos. O, puede ser poder viajar a cualquier parte del mundo.

Existen tantos significados de la felicidad como personas hay en el mundo

El vocablo felicidad es un concepto abstracto, con interpretaciones muy diferentes asociadas muchas veces a la idiosincrasia y las costumbres de una zona. Por ejemplo, según una encuesta realizada por  Win/Gallup International, los habitantes de las Islas Fiji, Colombia y Nigeria son las personas más felices del mundo. ¡Los españoles ocupamos el puesto nº 45! Curioso, no?

Según la Wikipedia, la felicidad “es una emoción que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada».

Bajo mi punto de vista, en la definición anterior la palabra “cree” es esencial. Porque parece que no siempre eso es así.

Hace unos días, un cliente me decía que para él era muy importante el dinero. Estaba esforzándose mucho y trabajando muy duro para conseguir tener un estatus de bienestar financiero que le ofreciese una amplia tranquilidad económica en el futuro. Ya había conseguido tener una cierta y holgada posición y no quería perderla por ningún motivo. Hicimos un ejercicio para ver si realmente el dinero era uno de sus pilares básicos y se visualizó en el futuro rodeado de dinero y de todo tipo de lujos asociados.

A los escasos minutos se dio cuenta, no sólo que no era tan importante como creía, sino que no era importante en absoluto.

Verse rodeado de grandes sumas de dinero no era un pilar esencial en su vida, porque para conseguirlo había tenido que renunciar a otras cosas que, en realidad, le importaban mucho más. Realmente, lo más importante era su familia y el estar rodeado de los suyos. Para él, eso era la felicidad. Lo que siempre había creído que era importante, aquello por lo que había trabajado y luchado y cuyos esfuerzos le habían dado algún que otro susto, resulta que no lo era tanto.

“La felicidad es como un puzzle, en el que siempre falta alguna pieza”. Enrique Rojas

 

Hace unas semanas asistí a un taller en el que se hablaba sobre la importancia de establecer y alinear nuestros valores fundamentales con nuestro estilo de vida, nuestro trabajo y las relaciones que entablamos.

Es francamente necesario para nuestro bienestar interno, ser conscientes de qué valores son los que dan consistencia a nuestra vida para mantener el foco sobre ellos a la hora de conseguir nuestros objetivos y tener realmente claro qué estamos dispuestos a hacer para alcanzarlos.

Según Enrique Rojas, “la felicidad no se alcanza nunca definitivamente aunque en momentos estelares la poseemos: es entonces cuando quisiéramos hacer eterno lo pasajero. Estamos siempre yendo hacia ella. La felicidad es una dimensión prospectiva que responde a la realización de nuestro proyecto personal. (…) Lo opuesto a tener un proyecto es vivir según esa expresión popular de ‘ir tirando’ (…) La felicidad es aquel estado de ánimo en el cual me encuentro satisfecho  de lo que hasta ese momento he hecho con mi vida, de acuerdo con lo que proyecté (…) El hombre es como una sinfonía siempre incompleta, se está haciendo continuamente, siempre es superable, de ahí que no pueda considerarse nunca como definitiva”. Rojas, E. (1997), Una teoría de la felicidad, Madrid, C.I.E. DOSSAT 2000.

 

Aun ansiándola tanto, la gran mayoría de los individuos sólo consiguen momentos efímeros de felicidad. Y sin embargo, podemos llegar a lograr, si no la felicidad completa, sí una buena dosis de ella. De hecho, es nuestro sistema de creencias, el pensamiento mágico, las falsas expectativas, los pensamientos negativos,…., lo que hace que nos sintamos deprimidos, derrotados, inútiles en algunos casos, con baja autoestima,…. Infelices, en definitiva.

El sistema de creencias se nos inculca en el seno familiar. Si pensamos que no somos capaces de hacer algo, entonces es seguro que no lo conseguiremos. Es como cuando somos pequeños y nuestra madre nos dice que somos holgazanes porque nos gusta dormir, o porque no nos hacemos la cama. Si se nos repite muchas veces que somos holgazanes, nos convertimos en holgazanes.

Muchas personas se dan cuenta demasiado tarde de que están viviendo una vida que no les corresponde. De que los valores que ellos creen fundamentales, que sus pilares básicos por los cuales se rige todo en su vida, no son los suyos. En ocasiones heredamos las creencias y los valores de nuestros padres y los hacemos nuestros, de manera que pensamos y actuamos en relación a ellos. Pero, interiormente, hay algo que nos acongoja, algo que no nos permite alcanzar ese estado de felicidad que perseguimos. Y es que no estamos prestando atención a nuestro geniecillo interior, aquel que intenta rebelarse y nos dice que algo no anda bien.

Ya Sócrates pensaba que era imposible ser feliz si uno actúa en contra de sus convicciones

 

Y es que una de las claves de la felicidad es la coherencia con uno mismo. Otro punto importante radica en las relaciones sociales que establecemos. Por algo, el ser humano es un ser social. De ahí, la importancia de establecer lazos estables y duraderos tanto con las personas de nuestro entorno y, aún mejor, si esas personas forman parte de nuestro círculo más cercano.

Al final, las cosas más simples son las que pueden hacer que alcancemos ese grado de felicidad que todos buscamos: saber disfrutar de lo que tenemos, ver el lado positivo de las cosas, ser agradecidos por los momentos vividos y vivir cada día con pasión, pensando como decía Serrat que “hoy puede ser un gran día”.

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