La Mejor Inversión Es La Que Haces En Tí Misma

Hay tantas cosas que haces a lo largo del día o de la semana por los demás que no te queda tiempo para ti. Sabes que la mejor inversión que puedes hacer es en ti misma?

Porque si tú estás bien, transmites felicidad, alegría, positividad y energía a las personas que están a tu alrededor.

Cuándo fue la última vez que pensaste en hacer algo para ti? Estoy segura que inviertes tiempo en otras personas: tus hijos, tus padres, tus amigos, tu pareja… Pero, cuándo fue la última vez que hiciste una inversión en ti?

Estoy segura que hay muchas cosas que te gustaría hacer. Y algunas no las llevas a cabo porque no acabas de atreverte. Porque crees que no puedes. O porque alguien te ha dicho que no puedes. O porque no te lo permites.

Muchas de nuestras creencias, aunque te parezca mentira, las hemos heredado de nuestros padres

inversiónHas heredado sus ideas, sus pensamientos negativos, sus miedos. Igual que el ser optimistas o pesimistas. Sí. También heredas otras características, claro. Pero, sobre todo, lo que más te paraliza son las creencias que te limitan.

Y todo eso, además, lo has hecho tuyo. Crees que esos temores son tuyos. Que no puedes hacer algo porque no eres lo suficientemente buena o no tienes los conocimientos necesarios. Te infravaloras sin justificación alguna. Porque estoy segura que alguna vez, aunque sea en una época muy remota, has hecho algo que, a priori, pensabas que serías incapaz de hacer. Piensa en ello.

La mejor manera de ser feliz es rompiendo las cadenas que te atan a esas creencias que te frenan. Desaprender para aprender a tener una mente abierta. A ser tú misma y hacer lo que realmente te hace feliz. A hacer una inversión en ti.

Seguro que cuando tenías 10 años tenías un sueño. Tal vez querías ser modelo o pilotar un avión o ser atleta. Ahora, que ya has crecido, cuál es tu sueño? has conseguido alcanzarlo o continúas en el camino? has dejado de buscarlo o lo persigues con todas tus fuerzas?

Si piensas en tu vida actual, en la vida que tienes, estás dónde quieres estar? te gustaría estar en otro lugar? haciendo otras cosas? con otras personas?

Si a las tres últimas preguntas has contestado de forma afirmativa, quizá es hora de plantearte qué es lo que te frena. A veces, no te das cuenta, pero quien pone frenos en tu vida eres tú misma. Con tus pensamientos. Con tus creencias limitantes.

El miedo es una emoción que te paraliza. Y es necesario vencerlo. El miedo es bueno. Te ayuda a sobrevivir. Porque tú como ser humano, estás diseñada para sobrevivir. Y por eso, tu mente hace que tus pensamientos vayan en esa dirección.

La función de supervivencia tenía pleno sentido cuando el ser humano estaba expuesto a ser presa de los depredadores. Pero ya no estás en la época de las cavernas. Ya no hay animales feroces que pueden perseguirte. Aunque sí puedes enfrentarte a situaciones que requieren que tomes acción.

Sé proactiva en lugar de reactiva

Tu mente, como buen escudo de seguridad, te dirá que te quedes en ese lugar tan confortable en el que estás. Que no te muevas. Que la inversión de enegía emocional es muy grande. Porque lo que hay al otro lado es desconocido para ti. Para qué llamar al mal tiempo cuando estás protegida de la lluvia?

Déjame decirte que las auténticas oportunidades se dan bajo la lluvia. Que para conseguir lo que quieres vas a tener que mojarte un poco. Pero también hay buenas noticias. Y es que existen los paraguas, los chubasqueros. Sal de ese portal resguardado en el que estás. Sal de tu zona de confort. Pero no te lances a la calle sin paraguas. También puedes protegerte.

Puedes crearte un inmenso paraguas, clarificando adónde quieres llegar, teniendo claro cuál es el camino que debes seguir. Buscando compañeros de viaje que puedan darte apoyo si lo necesitas. Poniéndote pequeñas metas que sean alcanzables.

Para avanzar, para ser más feliz, es necesario que salgas de tu zona de confort

Que te enfrentes a tus miedos. Una vez lo hayas hecho, te darás cuenta que eres capaz de cualquier cosa. Que eso que te paralizaba, ese monstruo que imaginabas, no era tan grande como creías.

Y es que, a veces, los monstruos hay que dejarlos sólo para el cine.

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